Seguidores

sábado, 28 de julio de 2012

Un adelanto de:'' Los poemas del dolor y la diatriba desesperada.''

I

Eres un poema, un poema que no termino. Y es ese espacio en blanco lo que más duele. El dolor de lo fragmentado, de lo inconcluso, el dolor de la certeza de tu ausencia. Un dolor para el que no hay analgésicos ni morfina no anestesia. Herida nanométrica y aguda, y fundamental como un quark, como un ladrillo molecular, en el territorio inhóspito de mi corazón. Herida de cobardía, de haber dejado un destino a medio camino. Herida dilacerada por un deseo sin fecha de caducidad, un deseo empacado al vacío. Y el dolor continúa, terebrante y visceral, con la melodía de las canciones mudas que quedaron atascadas al borde de la garganta; con el asalto impune del incendio de tu mirada; con el ataque radical del surrealismo de tu sonrisa, esa espléndida sonrisa de comercial de tv en HD; y el dolor continúa, prolífico, virulento, creciendo como una interminable progresión geométrica; continúa danzando con la sutil elegancia de un movimiento browniano, con las reminiscencias arrastradas por nuestro padre: el viento: for we’re like creatures of the wind, and wild is the wind. Y entonces sueño cada poro, cada esquina, cada recodo de tu cuerpo; sueño la calidez tropical de ese beso que no nos dimos; sueño el ámbito sublunar de tus fugas, tus apariciones y tus ecos; sueño las excavaciones y el microclima de tu sexo; sueño las magníficas imágenes fractales de tu sueño. Y resuelvo todas sus ecuaciones, sus acertijos, sus contradicciones; desnudo su extraña criptografía. Sin embargo, no hay alivio, sigues doliendo al despertar, sigue existiendo aquel umbral que no pude atravesar. Y parece que no hay palabras que agregar, que me he quedado sin letras, sin monogramas, sin alfabeto. Parece que este poema y, por lo tanto, el dolor no tendrán final…


martes, 26 de junio de 2012

LA CULPA ES DE LOS CORPÚSCULOS DE KRAUSE

                 
                    



LAS PARTÍCULAS ELEMENTALES (1998), novela escrita por el francés Michel Houllebecq, es, ante todo, una novela triste, triste e incómoda. A pesar de su carga de escenas sacadas del porno institucional, gangbangs, orgías swinger y demás. Es uno de esos libros que te dejan un sabor amargo en la boca, que hacen que tu risa se torne agria. Es cierto que el libro comienza y termina con una edulcorada dosis de optimismo: la humanidad está a punto de experimentar la más grande mutación metafísica de su historia. Más grande que la aparición del cristianismo o de la ciencia moderna. El hombre será, por fin, el artífice de su propia evolución biológica y, así, de la evolución del mundo. Y es el protagonista, Michel Djerzinki, un reconocido físico, investigador en el campo de la biología molecular, el encargado de alumbrarnos el camino. Es él quien va a sentar las bases teóricas del inminente cambio: la humanidad dará nacimiento a una nueva especie, asexuada e inmortal, que superará la individualidad, la separación y el devenir. No es una idea muy original, los profetas de la ciencia-ficción vienen abordando estos temas durante los últimos cien años. Sin embargo, no debemos olvidar el carácter satírico del libro, no debemos obviar que toda la novela está estructurada como una sátira desgarradora  contra el conjunto de la civilización occidental contemporánea. Houllebecq hace uso de la ciencia (especialmente de la física y la biología), la filosofía, la historia, la sociología y de su agudo poder de observación para enseñarnos la radiografía lúgubre de la sociedad occidental. Su prosa es extremadamente cortante y glacial, no cae en ningún delirio lírico. De hecho, cuando hace uso de la poesía lo hace de un modo completamente irónico, como queriendo arrancarnos una sonrisa en medio de ese páramo de desconsuelo. En otras palabras, esa prosa fría, técnica, no es otra cosa que el reflejo perfecto de ese mundo gélido que nos describe, ‘‘…un mundo terrible, un mundo de competición y de lucha, de vanidad y de violencia. ’’ Un mundo en donde las relaciones humanas se hacen prácticamente imposibles. O, por lo menos para Djerzinski, que es un inválido emocional. ‘‘Sentía compasión, y quizá era el único sentimiento humano que todavía podía experimentar. En cuanto al resto, una reserva glacial había invadido su cuerpo; realmente ya no podía amar. ’’
El otro personaje principal de la novela es Bruno, el hermanastro de Michel, un profesor de literatura obsesionado con el sexo. Un individuo lleno de taras y de menosprecio hacia sí mismo y hacia los demás. Alguien obsesionado con el placer y con una juventud perdida que no disfrutó. Esa juventud que es el gran commodity, el bien último y definitivo de la sociedad de consumo. La juventud como antítesis del deterioro de la vejez y de la muerte. Bruno, es alguien capaz de masturbarse pensando en sus núbiles alumnas, parapetado tras su escritorio. Pero no es un enfermo o un culpable, es sólo un síntoma, el síntoma que nos señala el autor, de la corrupción y putrefacción de la sociedad. Porque Houllebecq, como otros grandes escritores (Sade, dostoievsky, Céline), es un moralista. Su discurso es el típico discurso aleccionador: ‘‘debemos volver a los placeres sencillos. ’’ Para él, la solución está en el anacronismo, en adoptar los valores de épocas pasadas, mucho antes de la aparición del concepto de libertad individual. Por ejemplo, la crítica virulenta que lanza contra la generación de los sesentas y setentas, es contundente. Según él, Charles Manson, las snuff movies y todo el culto a la crueldad, no son más que el desenlace evidente de los inconvenientes de la individualidad y sus valores y, en especial, del hedonismo exagerado de los hippies. Y es aquí, donde empiezan a rechinar los dientes pues esas tesis son de un conservadurismo radical. Bruno, es el típico personaje políticamente incorrecto. Un tipo resentido, reaccionario, racista y antiprogresista. Pero no deja de ser encantador, será porque esa es una de las virtudes de la buena literatura: hacer digerible lo aparentemente incomible.

¡Me meo en la naturaleza, hombre! ¡Me cago en ella! ¡Naturaleza de mierda, que le den por culo!- nos dice en un apartado para luego, atacando a los ecologistas, representar su ideario político: ‘‘Están contra las ovejas porque las ovejas son de derechas y los lobos son de izquierdas, pero los lobos se parecen a los pastores alemanes, que son de extrema derecha ¿de quién nos vamos a fiar?’’ En este punto, Bruno ya está internado en un hospital psiquiátrico debido a una crisis nerviosa. Sin embargo, su lucidez es palmaria. Y es precisamente aquí, con este personaje, el bufón triste, el loco lúcido, donde la profecía houllebecquiana adquiere cierta validez. Es ahora cuando podemos decir: ¿DE QUIÉN PUTAS NOS VAMOS A FIAR?

miércoles, 23 de mayo de 2012

¡No coma cuento, coma mierda!




La reina irónicamente inquirió: ¿si no tienen pan, por qué no comen bollos?
Pues, sí, muy buen aporte Toña. Sin embargo, antes de comerlos, perfúmelos (sin importar lo que digan en Antioquia), esto facilitará su deglución. Y como, evidentemente, hay cosas más superfluas e inútiles que aromatizar un bollo, he aquí unos pequeños consejos:

1.       Es menester que la materia a tratar conserve su estado sólido o, en su defecto, plástico.
2.       Si la excreción, por alguna razón patológica, resulta líquida, está podrá conservarse en refrigeración para un uso futuro.
3.       Evite los laxantes.
4.       Absténgase de ingerir lácteos, carnes, cerveza o frijoles. La ingesta de este grupo de alimentos generará un hedor que no podrá ser redimido ni con la mejor de las fragancias de Carolina Herrera.
5.       Después de recolectar las masas compactas, sigue el proceso de selección.
6.       Las cacas grandes serán los platos familiares. Las pequeñas o caquitas, los individuales.
7.       Rocíele la esencia de su preferencia. Las típicas: vainilla, fresa o chocolate. Las higiénicas: lavanda, flores tropicales o aroma de bebé. Y las high class : Dior, Lacoste, Chanel, etc.
8.       Para finalizar, hártese.

sábado, 21 de abril de 2012

Odio al enlace covalente


En el último tercio de su vida, Laszlo Jamf fue presa de una creciente hostilidad, de un extraño odio personal hacia el enlace covalente. Pues estaba convencido de que, para que los productos sintéticos tuvieran algún futuro, ese enlace tenía que mejorarse necesariamente. Algunos estudiantes entendían incluso ''trascendido''. El hecho de que la esencia de la vida, de su vida, dependiera, de algo tan inestable, tan débil como la compartición de unos electrones por los átomos de carbono, constituía para Jamf una humillación cósmica. ¿Compartición? ¡Con la mayor fuerza, la mayor duración, podría decirse eterna, que tenía el lazo iónico! ¡Ese lazo donde los electrones no son compartidos, sino capturados! ¡Agarrados y firmemente sostenidos! Esos átomos tienen polarización positiva o negativa, sin ambigüedades... ¡De qué modo llegó a amar esa claridad meridiana, sin ambages, llena de esa obstinación mineral! Tenéis dos opciones, o quedaros rezagados con el carbono y el hidrógeno, e ir todas las mañanas a la fábrica con la fiambrera como ovejas de un rebaño anónimo, impacientes por entrar y dejar fuera la luz del sol..., o ir más allá, Silicio, Boro, Fósforo:éstos pueden enlazarse con el Nitrógeno en vez de hacerlo con el hidrógeno, ir más allá de la vida, hacia lo inórganico. En esta zona no hay fragilidad ni mortalidad...sólo existe la Fuerza, lo Eterno.

miércoles, 11 de abril de 2012

Dámele saludos a la perra de tu madre



Dámele saludos a la perra de tu madre
Dile que he regresado
Que soy el hombre que mató a Liberty Valance.
Dile que lo siento por ella
Pero que no existe la magia ni la fantasía en el mundo
Que la luna es sólo un trozo de piedra inerte
Y que los sueños románticos se desvanecen como fuegos fatuos.

Dámele saludos a la perra de tu madre
Dile que he regresado
Que he regresado sin haber partido
Que he venido a recuperar el tiempo perdido
Los cheques rebotados, los coños esquivos
Dile que ya he olvidado sus gélidos labios asesinos.

Dámele saludos a la perra de tu madre
Dile que…

lunes, 2 de abril de 2012

Pequeños diálogos!!

I

-        -  ¿Vos tenés convicciones políticas?
-         - No
-       -   Bueno, hacia algún lado debes tender.
-        -  No. La verdad, no. Estoy en el centro. Soy un tipo moderado. No me gustan las ideologías.
-        -  Ummm, ya.
-        -  ¿Qué?
-        -  ¿Hacia qué lado se te para la polla?
-       -   
-        -  Vamos, viejo.
-        -  Hacia arriba.
-         - Ése es mi punto. No existe tal cosa como lo apolítico. Es como esa mierda del ‘‘centro’’, eso es pura propaganda.
-         -  En ese caso, diría que soy de derechas. Honor, fe, progreso, libre mercado, las cosas de toda la vida. ¿Y vos?
-         - Yo creo que hay que tener conciencia de clase. Pienso que nos explicamos más fácilmente por nuestra sociología que por nuestra sicología o que, por lo menos, nuestra sicología personal depende mucho, como todo, de nuestro ambiente. Y cuando digo esto no me importa sonar como un resentido.
-         - No hay nada de malo en eso.
-        -   ¿En qué?
-        -  En estar resentido. Pero, decime, cuando hablamos de clase, ¿de cuál estamos hablando exactamente?
-        -  La de cada quien, obviamente.
-        - ¿Sí? Y yo que pensaba que todo el mundo es, básicamente, de la misma clase. Ya sabés: idiotas, imbéciles sin clase.
-         - (Risas) Sí. Quizá tengas razón.

 II
-          - ¿Por qué tomás todas esas pastillas? ¿Estás enfermo?
-          - Sí. Veo cosas…cosas que, al parecer, no están ahí.
-          - ¿Cómo qué?
-          - Adenoides gigantescos, un anciano con unas alas enormes, un enano con un tambor de hojalata, cronopios de colores, una ballena blanca, un hobbit. Anoche vi a Gokú.
-          - 
-          - También escucho voces.
-          - ¿Sí? ¿Qué te dicen?
-          - Nada especial. El otro día, por ejemplo, una de ellas me dio el pronóstico metereológico.
-          - Y, ¿acertó?
-          - No. Dijo que esta semana nevaría.
-          - Tal vez hablaba en sentido figurado.
-          - ¿Por qué lo dices?
-          - Porque yo traje unos gramitos de nieve.



III
-          ¿Sabía que las francesas consideran a Ingrid Betancourt una mujer ilustre?
-          ¿Ilustre?
-          No, ilustre no. No recuerdo ahora la palabra exacta pero era como si sintieran una exagerada empatía por ella, como si la admiraran.
-          Eso no habla muy bien de las francesas
-          ¿Sabés qué habla bien de las francesas?
-          No. ¿Qué?
-          Que lo hacen con los negros caribeños durante las vacaciones.
-          No veo cómo eso puede hablar bien de ellas, eso es simplemente complejo de culpa. En todo caso, nosotros no somos ni negros ni caribeños. Y ese comentario es racista.
-          ¿Racista? ¿Racista con quién? ¿Con los negros o con las francesas?

martes, 13 de marzo de 2012

Resentimientos 1(el piojo y la pulga).


En primer lugar, tenemos a Lupe, una pulga muy guapa. Y de buena familia. Una familia cuyo apellido se ha embadurnado, recientemente, de una pátina de respetabilidad (eufemismo para disimular que están forrados, muy probablemente, de forma ilícita. Ustedes saben: ‘‘es que mi tío tiene una empresa de import & export. ’’  WTF???).
Bueno, el caso es que, gracias a esto, Lupe fue una de esas pulgas que gozan de excesiva popularidad durante su adolescencia (cuando digo popular quiero decir que todo el mundo le conocía. Tanto las pulgas hembras como las pulgas machos se hacían pajas en su nombre. Digamos que podría ser la porrista rubia que sale con el Quarterback en el típico tostón gringo de humor adolescente). Lupe, cuyos pretendientes se extendían en un amplísimo rango que iba desde garrapatas deportistas a chinches artistas, decidió casarse con el socio de su tío. Una pulga vieja y gorda con mucho bling bling. Un psicoanalista, simplificándolo todo, diría que el problema de Lupe es que tenía ‘‘Daddy Issues’’. No lo sé, lo cierto es que aquella unión no terminó bien. Y el tiempo pasó y todos sabemos lo cruel que puede ser. Especialmente, si has apostado todas tus fichas en algo tan perecedero como tu apariencia. Sin embargo, Lupe aún conserva sus implantes (¿biopolimeros?) y su extraordinario guardarropa (Prêt à porte de lujo, Haute couture y zapatos de piel de cocodrilo) porque no podemos olvidar que Lupe es, ante todo, una fashion victim, un modelo ideal de consumidora que siente a flor de piel cada pellizco publicitario como si se le manifestara una dermatitis después de cada comercial televisivo que promociona ropa o perfumes. ¡Pobrecita la pulguita! El diseño de los espacios interiores de su casa en una estética muy Feng shui. Espacios que, a pesar de la armonía oriental tan en boga, rezuman patetismo y soledad a partes iguales.

Por otra parte, tenemos a Paco, un piojo halterófilo, aunque no siempre fue así. Solía ser un piojito pálido y escuálido sin mucha gracia. Nada brillante. No era nerd ni atleta ni mucho menos popular. Fue un piojo que lo probó todo: El ajedrez, la fotografía, los dreadlocks, el yoga, el yagé y los rezos a la Pacha. Intentó aprender a tocar guitarra y unirse a una tribu de jebis, tribu que después abandonó cuando le dieron ganas de dejarse crecer la cresta. Luego, abandonó el jabón azul por el gel,  la corbata y el gimnasio. Fue allí donde, Paco, se encontró a gusto, se hinchó, se hinchó y se hinchó más. Paco, ahora frecuenta las viejotecas buscando catanas arrechas aderezadas de repello.

Algún día la pulga y el piojo se van a encontrar.




POST SCRIPTUM: Aclaro que escribí esto porque la porrista rubia no me lo dio, y además mi psicoanalista me recomendó este ejercicio como curación catártica. (Creo que no es necesario aclarar que yo soy Paco)